La Cofradía de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz fue erigida como tal el 22 de Septiembre de 1962 por el entonces Obispo de León, Dr. D. Luis Almarcha. Tal y como consta en el Acta Fundacional, fueron siete los hermanos fundadores que gracias a su tesón y buen hacer construyeron de forma sólida los cimientos de lo que es hoy en día la Cofradía, siendo el primer Abad y “carta de pago” nº 1, el hno. Eduardo de Paz Díez, de familia muy unida a la Semana Santa, por lo que pronto comenzaron sus inquietudes por las procesiones… y así sigue. Es tal la devoción que profesa por las Siete Palabras que desde la época fundacional ha seguido colaborando estrechamente con las distintas Juntas para engrandecer la Cofradía y hace ya muchos años fue nombrado Abad Honorario.
El número de hermanos que integraban la Cofradía en estos primeros momentos fue de 70. En la actualidad se acaba de expedir el título de hermano nº 2300, lo que habla bien a las claras de la aceptación e incidencia que ha tenido en la sociedad y en la Semana Santa leonesa, si bien, en activo hay 1300 hermanos.
Desde la fundación, una de nuestras preocupaciones ha sido la acción social, es decir, poder encauzar, dentro de nuestras posibilidades materiales y económicas la ayuda a los más necesitados. Desde finales de los noventa, se ha procurado potenciar la misma y, como resultado, hoy podemos decir que no sólo se destina un porcentaje creciente cada anualidad a actuaciones en materia social, sino que la Cofradía actúa en determinados casos como intermediaria entre los hermanos y otras instituciones de caridad en caso, por ejemplo, de catástrofes naturales. Se atienden tanto situaciones puntuales de necesidad de hermanos cofrades, como la organización de conciertos benéficos, apadrinamientos (en estos momentos y desde hace una década, tenemos apadrinado a un niño, joven ya, de Honduras), colaboraciones con Cáritas, con Cáritas parroquiales de nuestra ciudad, con la Asociación leonesa de caridad… Uno de los instrumentos utilizados para ello fue la apertura hace unos años de una cuenta solidaria, que cada vez va teniendo mejores resultados, y no sólo entre los hermanos de la Cofradía, sin duda debido a la certeza de que hasta el último céntimo ingresado llega íntegro a las instituciones antes citadas.
Han sido varias las personas e Instituciones que a lo largo de los años han prestado a la Cofradía una ayuda significativa, que resultó en ciertos momentos fundamental. Esta es la razón de que se haya distinguido con el título de Hermano Mayor a algunos de nuestros conciudadanos y, a nivel institucional, a:
La Cofradía viste túnica de terciopelo color rojo sangre, con cíngulo negro, capa negra de raso con vistas blancas, capillo, calcetines y guantes blancos y zapatos negros. La razón de tales colores radica en su contenido simbólico: El rojo simboliza la sangre martirial del Señor, derramada en la Pasión y el negro representa el luto que su muerte genera en el hombre y en el mundo; pero lejos de quedarnos en la mera expresión de ese sentimiento de dolor, se ha querido representar con el otro color utilizado por la Cofradía, el blanco, -que atraviesa enteramente la indumentaria procesional del cofrade, de la cabeza a los pies- la esperanza cierta en una Resurrección que rasga las tinieblas y transforma la muerte en vida.
Los hermanos portan además en los actos procesionales, cruz penitencial de madera de color avellana y forma octogonal y, en el Vía Crucis que se celebra el Miércoles Santo, velones de cera, incluso los miembros de la Junta de Seises.
Es importante destacar el escudo de la Cofradía, bordado en oro sobre raso negro, de grandes dimensiones y que se lleva en el costado derecho, sobre la capa. La razón de dichas características, extrañas al ámbito de la Semana Santa Leonesa, tiene también un sentido simbólico: actúa a modo de sello o marca bien visible que recuerda a los hermanos y a cuantos los ven la única razón de su procesionar: la conmemoración de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, reflejado en el escudo que contiene las tres cruces del Calvario, la corona de espinas y los tres clavos, enmarcado todo ello por un óvalo. Dichos escudos son bordados desde nuestros orígenes por las RR.MM. Benedictinas de Sta. Mª de Carbajal y presentan además una curiosa peculiaridad: a fin de permitir la inmediata identificación por todos los hermanos de los miembros de la Junta de Seises y del Abad en sus diversas funciones de organización, los escudos de los Seises van provistos de un doble óvalo, y de uno triple el del Abad, siendo éste el único que puede conservarlo honoríficamente al término de su mandato.
La promesa de Silencio: es quizá la más significativa de la Cofradía, siendo la primera en León que lo contempla a nivel estatutario. Ha sido tan escrupulosamente observada, con el fin de mantener vivo el espíritu penitencial con que nació nuestra Cofradía, que en algunos momentos ha dado lugar a curiosas interpretaciones a veces francamente despectivas, que los Hermanos han tenido que sufrir en silencio. Así, por ejemplo, la idea de que si no hablamos con el público, ni damos la mano a los niños, ni alzamos el capillo o salimos de las filas, se debe a un extraño engreimiento... Nada más lejos de la realidad. A todos nos gustaría en algún momento detener la dureza de la procesión con cualquiera de los gestos antes descritos, pero es la palabra dada a ofrecer con ese gesto de silencio un particular y devoto homenaje al Cristo crucificado al que acompañamos en su dolor, la que mantiene nuestra boca cerrada o nuestras manos pegadas a la túnica... o al menos eso es lo que intentamos con su ayuda.
Hasta tal punto se llevaba a rajatabla esta promesa, que en los primeros años de vida de la Cofradía, esta se giraba entera al toque seco de la carraca, volviéndose de espaldas a las filas del público en cada parada, intentado evitar así la ocasión de quebrar la promesa y como gesto penitencial. En la actualidad, dicho gesto ha sido abandonado, más por evitar malas interpretaciones y por la complejidad que hoy representaría debido a las mayores dimensiones de la procesión que por entenderlo por algo fuera de lugar. Queda, en todo caso, el compromiso personal públicamente manifestado de guardar silencio y compostura...
Antes de las dos Estaciones de Penitencia que organiza la Cofradía (Vía Crucis y Procesión), el Abad toma solemne promesa de silencio a los hermanos, de la siguiente forma:
Recordad, Hermanos, que acompañamos a nuestro Señor Jesucristo en el supremo trance de Su Pasión y Muerte. Que nuestra oración piadosa conforte su dolor y el más devoto silencio acompañe su paso.
Hermanos de las Siete Palabras…¿ hacéis solemne promesa de silencio en …?
Si es así, que Dios os lo premie, y si no, os lo demande.


La Cruz de Difuntos: no tiene una especial consideración artística, aunque sí sentimental para los hermanos, por cuanto representa, en todos aquellos actos en que se porta, al conjunto de hermanos difuntos de la Cofradía, que así, de algún modo, puede decirse que procesionan también cada año con quienes recorren las calles de León. Es tradición que quien, siendo hermano, ha sufrido la pérdida de algún familiar, solicite y obtenga la gracia de portar dicha cruz en los desfiles procesionales, adquiriendo así un hondo sentido testimonial y reparador.

Es significativa la recuperación por parte de la Cofradía de una arraigada tradición de la Semana Santa leonesa, cual es la presencia de un piquete de caballería abriendo la procesión. Finalizada hace años la colaboración que a tal efecto prestaba la Guardia Civil, es un grupo de hermanos de la Cofradía quienes en la actualidad integran la Sección de caballería de la misma, encargada de pregonar el Jueves Santo por la mañana los actos de la Cofradía del día siguiente y de abrir la procesión del Viernes Santo.